martes, 2 de junio de 2009

DEJAR TODO EN SU LUGAR

Cuento popular

Un joven provinciano viajaba en el metro de la gran ciudad para visitar a un pariente. Era la primera vez que abordaba este sistema de transporte, pero gracias a las indicaciones que recibió de su hermana, el pueblerino no tuvo mayores problemas para utilizarlo. Aún así, debido a su novatez, no dejó de cometer algunos errores, como por ejemplo que le hizo la parada una vez que lo vio llegar, provocando codeos y tapadas de boca con la mano. Vio que mucha gente llegaba y mucha gente se subía, por lo que tuvo que esperar cuatro paradas para al fin apearse, en medio de empujones. En el trayecto, sin embargo, en una de las paradas ocurrió algo muy singular. Una jovencita ejecutiva subió al vagón donde viajaba nuestro héroe, y como no había lugar, la joven tuvo que seguir de pie. Nuestro fuereño aún así notó que el minivestido de la muchacha era tan ajustado que cierta parte de ella se le introducía en la parte trasera de la entrepierna. El muchacho, que iba detrás de ella dándose cuenta de este detalle, y recordando por experiencia propia lo incómodo de que se meta la ropa donde no debe, y el dicho de su abuelo de que “hombre acomedido cabe en cualquier parte”, retiró con suma delicadeza el pliegue que se introducía traviesamente entre las nalgas de la lozana mujer, provocando que ésta diera media vuelta, ofendida, a lo que el joven inmediatamente reaccionó introduciendo repetidamente el pliegue a su lugar original, diciendo: “¡Ahí está, ahí está, vaya!”

Moraleja: Ser acomedido es bueno, pero lo es aún más ser comedido.

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