martes, 9 de junio de 2009

LA MONTAÑA

Daniel Vázquez

Está el tejón en la cima
del impertérrito volcán,
riéndose en sus narices,
como el paria al haragán.
"Díme, oh, pétreo amigo,
que la lengua te han comido,
que dejas que te desgreñen
mientras tú sigues dormido;
el ratón, la tuza y yo,
urgamos diario tu cuero,
y los labriegos se apañan
de tu muy diáfano suero.

¿Por qué eres tan impávido
a tan ramplonas afrentas?
¿Por qué eres tan impasible
y a tus verdugos no enfrentas?
Tú que eres más viejo que yo
no evidencias tu experiencia,
que millones de años te dan
-sólo muestras tu torpeza-,
ninguno de los que el hombre
llama tus hijos te muestra
un mínimo de respeto,
más bien que te secuestran.

Ya el tiempo te ha hecho objeto
de las bromas más abyectas,
pues te ha tumbado el mechón
y sólo te ha dejado crestas,
y te las deja escarchadas
y con ellas te aparejas
cuando el fiero invierno viene
a blanquearte las orejas;
pues tú, inmueble zigurat,
paciente de geriatría,
no te crispas de las burlas
ni burdas galimatías.

Y el ínfimo ser bípedo
que se instala por doquier
que a tu edad es sólo un pedo,
pero algo más que un simple ujier.
És barbero de tus pies,
y se mete entre tus faldas
a segar al hermano árbol
y reducirlo a vanas brasas.
Pero cínico y mustio que es
te crea gestas lisonjeras,
mas sus cajas de cemento
llegarán a tus orejas.

Tu nascencia fue conlvusa
y creciste rumbo al cielo
que hoy le rascas el pie a Pedro
y él te adorna con su hielo.
Mas con ése mismo hace años
te rajó la falda en medio,
y hoy pareces un gran monstruo
agrietado sin remedio;
y le lloras a la luna
y a coro tus compañeros,
que más altos no menos bobos
con sendos despeñaderos.

Hoy que te hallas perplejo
con tu tullido indumento
a lo que te haga el destino
seguirás como jumento.
Mas quiera dios que no despiertes
y sobre nosotros te vuelques
a repartir tu arrebato
y a tus hijos les des muerte.
Sigue echado en tus laureles
y ni Vulcano ni Hefesto,
ni Moloc ni Xólotl llamen
a guerra el fuego funesto."

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